Introducción
Cuando un alumno preguntó: "Maestro, tengo una inquietud sobre el Gran Cisma.
¿Qué decisiones se tomaron en esos concilios y que hasta el día de hoy nos dan una visión distinta de Cristo como hijo?
Para comprender cómo se formó la visión que hoy muchos tienen de Mashíaj como el "Hijo de Dios", conviene hacer un recorrido histórico.
La primera congregación fue establecida por Yeshúa HaMashíaj y desarrollada por Sus apóstoles. Todos ellos eran judíos, enseñaban en las sinagogas y casas, pero fundamentaban su doctrina exclusivamente en la Torá, los Profetas y los Escritos, pues el llamado Nuevo Testamento todavía no existía.
Después de la muerte de los apóstoles, permanecieron discípulos directos, como los de Juan, junto con numerosas congregaciones dispersas por el Imperio Romano que procuraban conservar las enseñanzas apostólicas.
Sin embargo, conforme el evangelio fue extendiéndose entre los gentiles, comenzó también un profundo cambio cultural. La fidelidad nacida en Jerusalén empezó a "dialogar" con el pensamiento filosófico griego dominante en el Imperio. En ese contexto surgieron los llamados Padres de la Iglesia, hombres influyentes que procuraron explicar el cristianismo usando el lenguaje filosófico de su época.
Con el ascenso del emperador Constantino en el siglo IV, el cristianismo dejó de ser una religión perseguida y comenzó una estrecha relación con el poder imperial. La Iglesia adoptó progresivamente estructuras propias del Imperio romano y, junto con ellas, una forma distinta de expresar muchas de sus doctrinas. Ese proceso es conocido históricamente como la helenización del cristianismo.
Durante los siglos siguientes, esa iglesia permaneció unida hasta el año 1054, cuando ocurrió el Gran Cisma, dividiéndose en la Iglesia de Occidente (Roma) y la Iglesia de Oriente (Ortodoxa). Sin embargo, para entonces las principales formulaciones doctrinales sobre Yeshúa ya habían sido establecidas varios siglos antes.
Los Concilios
Los concilios eran grandes reuniones de obispos convocadas para resolver controversias doctrinales que surgían dentro de la Iglesia. Su propósito era definir oficialmente la enseñanza que debía considerarse correcta frente a las distintas interpretaciones existentes. Eran convocados por la máxima autoridad de la Iglesia. Antes del Gran Cisma se convocaron siete concilios; el primero de ellos fue el Concilio de Nicea en el año 325, convocado por el emperador romano Constantino.
En los primeros siglos, la discusión en los concilios no consistía en determinar si las Escrituras llamaban a Yeshúa "Hijo de Dios", pues el texto bíblico emplea claramente esa expresión. El verdadero debate era cómo debía entenderse ese título. Las principales preguntas eran:
- ¿Era un "hijo" en el sentido de ser una creación posterior al Padre?
- ¿Era un "hijo" en el sentido de ser un hombre adoptado por Dios?
- ¿O era un "hijo" en el sentido de compartir la misma sustancia y eternidad con el Padre?
Para responder estas cuestiones se convocaron varios concilios que terminaron definiendo la doctrina cristiana clásica.
Concilio de Nicea (325 d.C.). Afirma que Yeshúa es el Hijo verdadero, no un "hijo adoptado" ni una criatura y, por tanto, posee la misma esencia que el Padre.
Concilio de Constantinopla I (381 d.C.). Confirmó la decisión de Nicea y consolidó la formulación trinitaria, afirmando la plena divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Éfeso (431 d.C.). Estableció que Yeshúa es una sola Persona indivisible, no dos seres unidos.
Concilio de Calcedonia (451 d.C.). Definió que Yeshúa es una sola persona con dos naturalezas completas, divina y humana, sin mezclarse.
Estas definiciones quedaron como fundamento doctrinal para la Iglesia Católica y siglos después, para la mayoría de las iglesias surgidas de la Reforma Protestante.
Los concilios no pretendieron modificar el texto de las Escrituras. Su propósito fue responder a controversias entre obispos que afectaban a la Iglesia, pero al hacerlo usaron categorías filosóficas propias del pensamiento griego. Esas categorías introdujeron términos griegos que no pertenecen al lenguaje de la Torá ni al vocabulario hebreo de los profetas y los apóstoles, sino a la filosofía griega.
Aquí comenzó un cambio de paradigma. Mientras la revelación bíblica había sido dada en un contexto hebreo, las explicaciones doctrinales de los concilios entre los siglos II y IV, empezaron a formularse con categorías filosóficas diferentes.
Como consecuencia, expresiones como "Padre", "Hijo" e "Hijo de Dios" comenzaron a interpretarse desde un marco conceptual distinto al de quienes originalmente las escribieron.
A este proceso histórico suele llamársele helenización del cristianismo.
La Helenización del Cristianismo
El helenización del cristianismo es el proceso histórico e ideológico mediante el cual la llamada "fe cristiana" adoptó categorías filosóficas y lingüísticas griegas, alejándose paulatinamente de su matriz estrictamente hebrea,
Este proceso no ocurrió por accidente; fue impulsado activamente por decretos políticos e imperiales, especialmente a partir del emperador Constantino en el siglo IV.
Con el paso de los siglos también comenzaron a producirse importantes cambios en la práctica de la Iglesia. Las citas establecidas por YHVH en Levítico 23 fueron reemplazándose por nuevas celebraciones.
En el Concilio de Laodicea (363 d.C.) se declaró oficialmente ilegítima la observancia del Shabat bíblico y se consolidó la práctica de reunirse el primer día de la semana (domingo).
Paralelamente, fue desarrollándose una interpretación según la cual la Iglesia había sustituido completamente a Israel en el plan de Dios, doctrina conocida posteriormente como teología del reemplazo o sustitucionismo, desechando el marco profético sobre el pueblo del Pacto y las promesas dadas a los patriarcas.
Al despojar a Yeshúa, el Tanaj (Antiguo Testamento) y a los apóstoles de su identidad hebrea, los creyentes quedaron como cubiertos por un velo espiritual, no ven que el Elohim único vendría como niño, pero sería llamado: Dios Fuerte,Padre Eterno (Isaías 9:6)
Ese mismo "velo" hizo que los apóstoles (quienes eran judíos observantes de la Torá que enseñaban en las sinagogas y casas) fueran reinterpretados como "primeros obispos católicos", desconectados de sus raíces y de la fidelidad al Dios único.
Asimismo, varias cartas de Pablo fueron leídas durante siglos con una perspectiva antijudía, a pesar de afirmaciones tan claras como:
"¿Luego por la fidelidad invalidamos la Ley? ¡De ninguna manera! Al contrario, confirmamos la Ley." (Romanos 3:31).
La Reforma Protestante
En 1517 comenzó la Reforma Protestante como respuesta a diversos abusos y prácticas de la Iglesia Católica. Los reformadores recuperaron importantes verdades relacionadas con la autoridad de las Escrituras y la salvación por la gracia de Dios.
Sin embargo, conservaron prácticamente intactas las definiciones doctrinales establecidas por los concilios de los siglos IV y V. Por ello, la comprensión tradicional acerca del Padre, del Hijo y de la Trinidad continuó siendo la base doctrinal de la mayor parte del cristianismo evangélico y el "velo" que no les permite hasta nuestros días, regresar al Yeshúa hebreo ni a la enseñanza de la Torá, los profetas y los apóstoles.
Desde la perspectiva de este estudio, ese"velo espiritual" es el que dificulta a muchas congregaciones evangélicas reconocer que pasajes como Génesis 3:15, Daniel 9, Isaías 53, Salmo 22, Oseas 6:2 y la señal de Jonás revelan el desarrollo de un único plan de redención llevado a cabo por el único Elohim.
Bajo la comprensión de estos pasajes y muchos más, el "velo espiritual" se cae y las Escrituras revelan que no hay un Padre, un Hijo y una Trinidad como seres distintos, sino el único Elohim manifestándose en Yeshúa HaMashíaj para cumplir personalmente la obra redentora anunciada desde el principio.
Consumada esa obra, volvió a la gloria de donde había venido y retomó la plenitud de Su manifestación, tal como las Escrituras lo anticipan. Asimismo, su regreso futuro se describe con la majestad del Anciano de Días anunciada en Daniel 7:9-14 y revelada en Apocalipsis 1:12-16.
Conclusion:
La pregunta fue: ¿Qué decisiones se tomaron en esos concilios y que hasta el día de hoy nos dan una visión distinta de Cristo como Hijo?
La respuesta está en que los concilios de los siglos IV y V definieron oficialmente que Yeshúa es el Hijo eterno del Padre, de la misma esencia divina, una sola Persona con dos naturalezas —divina y humana— y, junto con el Padre y el Espíritu Santo, forman la Trinidad que posteriormente heredaron tanto la Iglesia Católica como la mayor parte de las iglesias surgidas de la Reforma.
Desde la perspectiva de este estudio, el problema no fue que aquellos concilios procuraran responder a las controversias de su tiempo, sino que lo hicieron utilizando categorías filosóficas griegas en lugar del contexto hebreo de la Torá, los Profetas y los apóstoles.
Al sostener sus doctrinas en la filosofía, la interpretación tradicional del título "Hijo de Dios" terminó alejándose del marco en el que Yeshúa mismo declaró:
"No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir."
Por ello, quizá la pregunta más importante no sea qué decidieron los concilios, sino esta:
¿Cómo entendían Moisés, los Profetas, Yeshúa y los apóstoles la expresión "Hijo de Dios" antes de que existieran los concilios?
Responder esa pregunta exige quitarnos el velo y, por un momento, dejar de lado las interpretaciones surgidas después de Moisés y la venida de Yeshúa para volver a las Escrituras desde el contexto hebreo en el que fueron inspiradas.
Solo así podremos comprobar si la revelación bíblica presenta al "Hijo de Dios" como una categoría filosófica desarrollada siglos después o como la manifestación del único Elohim llevando a cabo el plan de redención anunciado desde Génesis hasta Apocalipsis cuando veamos el glorioso regreso del que fue revelado por Daniel y visto por Juan como el Anciano de Días.
Shalom
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