El Temor a Dios



Muchos creyentes han sido enseñados que deben temer a Dios, pero no siempre han comprendido qué significa realmente “temer a Dios”. Por eso es necesario preguntarnos:

¿Qué es el temor a Dios?

Escudriñemos las Escrituras.

Lo primero que debemos comprender es que, en el hebreo bíblico, no existe una única palabra para “temor”. Los términos asociados a esta idea tienen distintos matices y significados, por lo que es necesario observar sus contextos para comprender correctamente su uso.

La primera vez que aparece la idea de temor en la Escritura es después del diluvio, cuando Hashem habla a Noé y le dice que el temor (מוֹרָא, morá) y el terror (חַת, jat) de los hombres estará sobre los animales (Génesis 9:2). Ambas palabras están relacionadas con una reacción natural ante la percepción de un peligro, real o imaginario; es la respuesta instintiva que prepara al cuerpo para luchar o huir.

Sin embargo, la segunda vez que aparece la palabra “temor” es en el relato de Abraham y Sarah en Gerar (Génesis 20:11). Allí Abraham explica que actuó como lo hizo porque “no había temor de Dios en aquel lugar”. Lo interesante es que aquí la palabra usada ya no es morá ni jat, sino יִרְאָה (yirah).

Esto es importante, porque el texto nos muestra una diferencia fundamental: una cosa es el miedo natural y otra distinta es el “temor de Dios”. Abraham reconoce que en Gerar no había yirah porque no conocían a Elohim; pero cuando Él se les reveló, entonces experimentaron ese temor reverente (Génesis 20:8).

A partir de esto entendemos que el temor de Dios no es terror. Pero si el temor natural nos prepara para luchar o huir, entonces surge una pregunta:

¿Temer a Dios significa prepararnos para luchar contra Él o huir de Él?

La respuesta está en Proverbios 9:10: "El temor (yirah) de Adonai es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santo es la inteligencia."

Este pasaje nos enseña que el yirah de Elohim es el principio de la sabiduría. Es decir, el comienzo del verdadero conocimiento de Dios. El texto conecta directamente el temor con conocer al Santo. Así entendemos que temer a Dios no es alejarse de Él, sino acercarse a Él.

El temor de Dios comienza cuando, por Su gracia, Él nos llama y nosotros respondemos acercándonos para conocerlo. Ese acercamiento es el estudio de Su Palabra, lo cual inicia una relación que produce sabiduría y discernimiento.

Proverbios 8 profundiza esta idea. En el verso 12 dice:

"Yo, la sabiduría, habito con la prudencia, y hallo la ciencia de los consejos."

La sabiduría no es un concepto abstracto; proviene de Elohim mismo. Él habita en aquel que busca prudencia, conocimiento y discernimiento. Y en Proverbios 8:13 se define claramente lo que implica el temor de Dios:

"El temor (yirah) de Adonai es aborrecer el mal, la soberbia, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa."

Esto nos muestra que el temor de Dios no es una emoción pasiva, sino una disposición activa del corazón: rechazar aquello que es contrario a Él.

Y para confirmar que la sabiduría pertenece a Elohim, Proverbios 8:14 dice: "Mío es el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder." Por tanto, temer a Elohim es acercarse a Él a través de las Escrituras para recibir de Él Su sabiduría, Su consejo y Su discernimiento.

Esto también se refleja en Éxodo 18:21, cuando Jetro aconseja a Moisés: "Escoge de entre todo el pueblo varones capaces, temerosos de Elohim, hombres de verdad, que aborrezcan la avaricia..." Aquí vemos que los temerosos de Elohim son hombres de verdad y la verdad es la Palabra de Dios. Esa verdad es la que los transforma en hombres íntegros que no se corrompen por las riquezas. Son hombres aptos para liderar porque han aprendido a vivir bajo la sabiduría y la verdad de Dios.

Pero para ser hombres capaces, temerosos de Elohim y llenos de verdad, primero deben ser enseñados. Por eso, en Éxodo 18:20, se instruye a enseñarles los estatutos, la Torah y el camino en que deben andar. El temor de Dios siempre está ligado al conocimiento de Su Palabra y a la obediencia de Sus caminos.

Por eso Salmos 112:1 dice: "¡Aleluya Hashem! Cuán bienaventurado es el hombre que teme al Señor, Que mucho se deleita en Sus mandamientos"

Conclusión

Entonces, ¿qué es el temor a Dios?

El temor de Dios no significa vivir aterrorizados de Él. No significa huir de Su presencia ni luchar contra Su voluntad. Es aceptar acercarnos a Él para comenzar a conocerlo a través de las Escrituras. Es el inicio de la sabiduría: recibir Su consejo, Su prudencia y Su inteligencia para aprender a discernir y vivir correctamente.

Temer a Dios es ser obedientes y permitir ser transformados por Su Verdad para abandonar el mal, el orgullo, la arrogancia, la perversidad y la mala conducta. Elohim no busca que Sus hijos le tengan terror, sino que le amen y le obedezcan. Como dijo Yehoshúa:

"El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama" (Juan 14:21). Ese es el verdadero temor de Dios: una relación de reverencia, amor, obediencia y conocimiento que nos lleva a reflejar Su sabiduría en nuestra manera de vivir.

Shalom.

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