La Revelación de Yeshúa-Apocalipsis Cap.1

 


Introducción

E l libro de Apocalipsis suele ser percibido como un texto intimidante debido a su lenguaje cargado de símbolos, visiones y constantes alusiones al Tanaj (Torá y los Profetas). Sin embargo, la clave para su comprensión radica en reconocer que su propósito es el mismo que el de toda la Escritura: enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia (2 Timoteo 3:16), a fin de que el pueblo escogido viva conforme a la semejanza de Yeshúa HaMashíaj y no a la del mundo.

El término griego apokálypsis significa "quitar el velo". Lejos de ocultar la verdad, el libro es la revelación de Yeshúa para que Su pueblo, especialmente en el tiempo del fin, pueda discernir si está siendo conformado a Su imagen o al sistema del mundo (Romanos 12:2). Bajo este marco, Apocalipsis debe entenderse como un Expediente Judicial Profético dirigido a las dos casas —Judá (judíos) y Efraím (gentiles) — reunidas en una plenitud de congregaciones. En este expediente se establecen testigos, se identifican citados y se manifiesta un Juez con autoridad plena.

I. La Naturaleza de la Revelación y el Primer Testigo (Ap. 1:1–3)

Apocalipsis 1:1–3 establece desde el inicio que el libro no es una iniciativa humana, sino una revelación divina que procede de Yehoshúa HaMashíaj, la cual le fue dada por Dios. Este lenguaje no significa que hay dos deidades: un Dios y Yeshúa, sino que Dios es la plenitud de Yeshúa que nadie ha visto jamas (Juan 1:18), mientras que Yeshúa es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15) y en Él se encuentra la plenitud de Dios (Colosenses 2.9).

Juan es convocado por Yeshúa como el mensajero que debe llevar Su revelación a Sus siervos, quedando habilitado como testigo de la Torá, los Profetas y el Testimonio de Yeshúa. Conforme al principio legal de la Torá, "todo asunto se decidirá por boca de dos o tres testigos" (Deuteronomio 19:15). Juan es el primer testigo, anticipando a un Segundo Testigo que consolidará el expediente. El capítulo abre con una bienaventuranza procesal: "Bienaventurado el que lee (anaginṓskō: volver a aprender), oye (obedece) y guarda (hace)". La urgencia es clara: "el tiempo está cerca", indicando que el plazo judicial ha sido fijado.

II. Los Destinatarios y el Segundo Testigo (Ap. 1:4–8)

Juan dirige la revelación a siete congregaciones. Es como si les hiciera llegar una citación legal.  El número siete representa plenitud, simbolizando a la totalidad de los siervos de Yeshúa entre las naciones.

Aunque el escenario de la plenitud de congregaciones, según el libro es Asia, esto no es una referencia geográfica, sino un simbolismo del mundo. La razón de este nombre, es porque históricamente Asia fue el epicentro donde la Torá colisionó con la filosofía y la idolatría griega, creando un "velo doctrinal" que oscureció la verdad bíblica.

Tras identificarse Juan y los citados, se presenta al Segundo Testigo: Yehoshúa HaMashíaj, el Testigo Fiel (Apocalipsis 1:5). Su testimonio es el estándar con el cual serán evaluadas las congregaciones. Su autoridad se confirma con lenguaje profético: "He aquí que viene con las nubes" (Daniel 7:13), y se identifica como el "Alfa y Omega", el mismo Dios que se reveló a Moisés como el Yo soy(Exodo 3.14) y Abraham como El Todopoderoso (Éxodo 6:3).

III. La Condición del Testigo y el Contexto Judicial (Ap. 1:9–11)

Juan se presenta como hermano y copartícipe en la tribulación, sellando su autoridad mediante el padecimiento en Patmos. Al declarar que estaba "en espíritu en el día del Señor", no se refiere a un día cronológico, sino al contexto profético-judicial descrito por los profetas: el periodo donde la soberbia humana es abatida y el juicio de las naciones se ejecuta (Isaías 2:12; Joel 3:14).

La voz de "trompeta" convoca formalmente a Juan. Se le ordena: "Escribe lo que ves". Al poner la visión por escrito, la revelación se convierte en un documento oficial para los citados, representados simbólicamente en las siete ciudades (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea). Estas no son solo ubicaciones geográficas, sino estados espirituales de las congregaciones dentro del proceso judicial.

IV. El Juez en medio de los Citados (Ap. 1:12–16)

Juan se vuelve para ver la voz y contempla siete candelabros de oro, evocando la Menorá que alumbra en el Tabernáculo (Éxodo 25:31). Estos representan la plenitud de las congregaciones llamadas a iluminar el mundo mediante el Ruaj HaKodesh(Espíritu Santo).

En medio de ellos aparece el Ben HaAdam (Hijo del Hombre). Este Juez no observa desde lejos; camina entre ellos como escribiendo la torá en los corazones (Levítico 26:12, Jer.31:33, Hebr.8:10) ). Su descripción es puramente judicial:

  • Ojos como llama de fuego: Capacidad de escudriñar y purificar (Jeremías 17:10).
  • Pies de bronce refulgente: Autoridad para juzgar el pecado, como el altar de bronce.
  • Voz de muchas aguas: La autorización a sus siervos (multitudes y lenguas) para profetizar (vocear) Su Palabra (Apocalipsis 7:9, 14.2).
  • Espada de dos bocas (dístomos): La Palabra que juzga a las dos casas (Judá y Efraím) conforme a la instrucción recibida (Hebreos 4:12).
  • Rostro como el sol: El favor y amor entrañable para quienes perseveran en los mandamientos (Números 6:25).

V. La Victoria sobre la Muerte (Ap. 1:17–18)

Ante la gloria del Juez, Juan cae como muerto, símbolo de que carne y sangre no pueden sostenerse ante la autoridad de Dios. Sin embargo, Yeshúa pone su diestra sobre él, simbolizando que Juan será levantado para tener un lugar de honor con Yeshúa, por eso le dice: "No temas" (a la muerte).

Yeshúa se revela como el que tiene las "llaves del Sheol". Esto garantiza que aquellos que testifiquen fielmente, incluso hasta la muerte, tienen la promesa de la resurrección. El Juez es el dueño de la vida y la muerte, lo que valida Su capacidad para ejecutar sentencia y otorgar recompensa.

VI. La Identificación de los Citados (Ap. 1:19–20)

El capítulo concluye aclarando el misterio: las siete estrellas son los mensajeros (líderes) y los siete candelabros son las congregaciones. La citación legal es integral; tanto el liderazgo como el pueblo tienen la responsabilidad de leer, oír y hacer lo revelado en la citación. Ambos están citados.

Con esta presentación, el capítulo 1 cierra como un acto judicial completo: el Juez ha sido presentado, los testigos acreditados, los citados identificados y el marco legal (Torá y Testimonio) establecido. El tribunal está listo para emitir sus veredictos específicos a partir del capítulo 2.

Conclusión

El primer capítulo de Apocalipsis es la revelación de Yeshúa para que todo aquel que se llame su siervo lea, escuche y actúe; pues de su respuesta a esta citación dependerá su posición final a la diestra o a la siniestra del Rey (Mateo 25:32-33). Este capítulo simboliza la apertura formal del tribunal de Mashíaj (2 Corintios 5:10; Romanos 14:10), donde se acredita al Juez, se presentan los testigos y se identifica plenamente a los citados.

Estamos ante el anuncio de un expediente abierto que vincula, en primer lugar, a los líderes y, consecutivamente, a quienes siguen sus instrucciones. Es una advertencia urgente para aquellos que han permitido que sus lámparas (congregaciones) se queden sin aceite (Ruaj HaKodesh) y han adoptado la imagen del mundo; pues sin la debida rectificación, no podrán formar parte de la multitud incontable que recibirá al Juez en Su regreso (Apocalipsis 7:9).

Las cartas que siguen a partir del capítulo 2, no deben leerse como sentencias definitivas, sino como citaciones legales enviadas por Yeshúa a través de Juan a la plenitud de las congregaciones de las dos casas dispersas en el mundo. En ellas, el Juez realiza una lectura de cargos ("Yo conozco tus obras") otorgando a los citados el derecho a la defensa a través del arrepentimiento (Teshuvá). 

Aunque el tiempo del juicio ya ha sido fijado, el rostro del Juez aún brilla como el sol, ofreciendo una ventana de gracia para la rectificación antes de que Su venida ejecute el veredicto final.

"El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las congregaciones"

Shalom

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