¿Qué es el "Don" de Hablar en Lenguas?

 

El hablar en lenguas es un tema que divide a muchas congregaciones. Mientras algunos sostienen que hablar en lenguas es la confirmación del bautismo del Ruaj Hakodesh (Espíritu Santo) otros afirman que tal práctica no corresponde a la enseñanza bíblica. A partir de aquí surge la pregunta central de este estudio: ¿Qué es realmente el don bíblico de hablar en lenguas?

La controversia surge principalmente del capítulo 12 de la primera carta a los Corintios, donde el apóstol responde a consultas de la congregación acerca de los dones espirituales. Antes de comenzar a explicar los dones espirituales, Pablo establece un principio fundamental (1 Co 12:3): no toda manifestación espiritual proviene del Espíritu de Dios. Su advertencia indica que en la congregación existían expresiones verbales que necesitaban ser evaluadas y discernidas.

Este detalle cobra aún más sentido cuando recordamos el contexto cultural del mundo grecorromano. Muy cerca de la región de Corinto se encontraba el famoso Oráculo de Delfos, donde una pitonisa (sacerdotisa del dios Apolo) entraba en trance y pronunciaba mensajes incomprensibles que luego eran interpretados por sacerdotes. Este tipo de experiencias espirituales era altamente valorado en la cultura pagana, y quienes hablaban en trance podían ser vistos como especialmente favorecidos por los dioses y por tanto superiores a cualquier humano.

Aunque la carta no afirma que en la congregación imitaran directamente estas prácticas, este trasfondo ayuda a entender por qué Pablo enfatiza el discernimiento: la verdadera obra del Espíritu siempre exalta a Yeshúa como Señor y nunca produce confusión ni expresiones que puedan dañar o desviar a la asamblea

Pablo explica que existe diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu, es decir de la Mente de Dios. Por eso advierte: “que nadie hablando por el Espíritu de Dios, dice: Yeshúa es anatema”

Con este fundamento, Pablo prepara el terreno para su enseñanza sobre los dones espirituales y el orden dentro de la asamblea. En este contexto, destaca el don de 'géneros de lenguas', posicionándolo dentro de la estructura y el propósito del cuerpo del Mesías

En griego, esta expresión es genē glōssōn. La palabra genē significa clase, tipo, especie o categoría; es decir, una variedad dentro de un conjunto. Por su parte, glōssōn es el plural de lenguas o idiomas. Por tanto, la expresión completa significa literalmente: “distintas clases de idiomas” o “variedades de lenguas”.

Esto es muy importante, porque el texto no habla de una lengua única ni de un lenguaje de éxtasis o emocional, sino de una diversidad de idiomas que existen y distinguen a diferentes naciones.

¿Qué es el “Don” de Hablar en Lenguas?

El “don de lenguas” es uno de los regalos espirituales mencionados por Shaul en 1 Corintios 12–14. El término griego utilizado es glōssai, que se traduce literalmente como “idiomas” o “lenguajes”. Por lo tanto, este don no consiste en emitir sonidos sin sentido, sino en la capacidad sobrenatural de hablar idiomas de otras naciones sin haber nacido en ellas ni haber estudiado su lengua.

Este don aparece claramente por primera vez durante la Fiesta de Shavuot (Pentecostés) de Hechos 2, cuando los discípulos fueron llenos del Ruaj Hakodesh:

Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas… y cada uno les oía hablar en su propio idioma.” (Hechos 2)

El texto es explícito: personas de muchas naciones entendían el mensaje en sus propios idiomas. Los apóstoles hablaron idiomas que no conocían, y los oyentes declaraban: “les oímos hablar en nuestros idiomas las maravillas de Dios(Hechos 2:11). Entre ellos había partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, Libia, Roma, Creta y Arabia.

Por lo tanto, el modelo bíblico del don de lenguas es comunicativo y entendible en idiomas. Es un regalo del Ruaj HaKodesh para que el creyente santo y fiel tenga la capacidad sobrenatural para anunciar las maravillas de Dios en idiomas de otras naciones que no aprendió.

El propósito del don dentro de la congregación

Años después del evento de la Fiesta de Shavuot, Shaul escribió a la congregación de Corinto para corregir el mal uso de los dones espirituales. En los capítulos 12–14 explica que el propósito de todos los dones no es la exhibición personal, sino la edificación del cuerpo.

En este contexto afirma:

“El que habla en lengua extraña, si no hay quien la interprete, no edifica a la congregación.” (1 Corintios 14)

Está diciendo: “Quien en una congregación habla en una lengua extranjera sin que haya extranjeros presentes ni alguien que traduzca, no logra edificar a la asamblea, pues sus palabras resultan incomprensibles para los asistentes”.  Por esta razón, Pablo establece un principio fundamental: los dones deben usarse de forma que los demás puedan entender y ser edificados.

Por eso declara que la profecía es superior al uso de lenguas sin interpretación, porque la profecía habla directamente a las personas “para edificación, exhortación y consolación” (1 Co 14:3). En cambio, hablar en un idioma que nadie entiende no produce beneficio para la asamblea.

El apóstol incluso se pone como ejemplo y afirma:

“Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la congregación prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.” (1 Co 14:18-19)

Cuando Pablo afirma que habla en lenguas más que todos ellos, no está presumiendo de experiencias de conciencia alterada en las que expresa sonidos incomprensibles, sino recordando su amplia capacidad para comunicarse en distintos idiomas dentro de su labor misionera.

En el contexto histórico es razonable entender que Pablo hablaba al menos griego y arameo, lenguas comunes del mundo mediterráneo oriental. Además, por su formación como fariseo instruido, es muy probable que conociera hebreo para el estudio de las Escrituras, y su ciudadanía romana sugiere que también pudo manejar latín en ciertos contextos.

De esta manera, cuando Pablo dice que habla en lenguas más que los corintios, está diciendo que habla más idiomas, porque gracias a esa capacidad ha podido llevar adelante su ministerio apostólico entre muchas naciones.

Con esto también deja claro que él no prohíbe el don; lo que corrige es su uso sin interpretación y sin propósito edificador.

Así, el principio bíblico queda establecido: si el idioma no es comprendido por la congregación, debe haber interpretación; de lo contrario, la persona debe guardar silencio (1 Co 14:27-28).

Las lenguas como señal para los incrédulos

Después de corregir el uso desordenado de los dones, Pablo explica el propósito específico del don de lenguas dentro del plan de Dios. Para ello cita al profeta Isaías:

“En la Ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.” (1 Co 14:21; Is 28:11)

Con esta cita, el apóstol conecta el don de lenguas con una profecía antigua. En Isaías, Dios advertía a Su pueblo que, debido a su dureza de corazón, escucharían Su mensaje en labios extranjeros. Es decir, los idiomas de naciones extranjeras serían una señal de juicio y advertencia para un pueblo incrédulo.

Esto se cumplió históricamente cuando el ejército de Babilonia sitió Jerusalén: Dios habló a su pueblo mediante la lengua de los caldeos, y aun así no escucharon ni se arrepintieron. Precisamente ese trasfondo profético es el que Pablo aplica al don de lenguas como señal para que los incrédulos se arrepientan.

Por eso Pablo concluye claramente:

“Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.” (1 Co 14:22)

Esta afirmación es clave. El don de lenguas no fue dado como una señal de madurez espiritual ni como una evidencia obligatoria del bautismo del Espíritu. Su función principal es ser una señal que llame a la transformación: un medio sobrenatural para que quienes no creen puedan escuchar el mensaje de Dios en su propio idioma y se arrepientan.

Esto encaja perfectamente con lo ocurrido en la Fiesta de Shavuot. Allí, personas de muchas naciones escucharon las maravillas de Dios en sus propias lenguas y fueron confrontadas con el mensaje del Mesías y miles se transformaron (Hechos 2:41).

Por lo tanto, el propósito bíblico del don de lenguas —o don de idiomas— queda definido así: es una señal dirigida principalmente a incrédulos que escuchan el mensaje de Dios en su propio idioma. En el caso de Corinto, esto tenía pleno sentido, pues era una ciudad cosmopolita con personas de todo pueblo, lengua y nación que formaban parte del Imperio romano.

El propósito es el mismo que se manifestó en Shavuot (pentecostés) y que puede darse en cualquier congregación y en cualquier tiempo. 

El Propósito de este don es: comunicar las maravillas de Dios a personas de otras naciones en su lengua natal, para que puedan comprender el mensaje y responder con arrepentimiento al llamado del Mesías.

Conclusión

¿Es obligatorio hablar en lenguas para tener el Espíritu Santo?

La respuesta bíblica es no.

Porque no todos los creyentes reciben el don de lenguas y este no es requisito para tener el Espíritu Santo, ni es señal de superioridad espiritual, sino que es un don específico con un propósito específico.

Pablo enseña que el Ruaj HaKodesh (la Mente de Mashiaj) reparte los dones según Su voluntad. Por eso pregunta: 

“¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidades? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?” (1 Co 12:29-30)

La respuesta implícita a estas preguntas es negativa: no todos reciben el mismo donPor lo tanto, el don de lenguas no puede ser una señal obligatoria del bautismo del Espíritu Santo (Ruaj HaKodesh).

La evidencia principal de la obra del Espíritu no es un don específico, sino una vida transformada. Lo que manifiesta la presencia de Dios (la Ruaj) en un creyente maduro es el fruto del Ruaj HaKodesh: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.

Los dones son herramientas para servir; el fruto es la evidencia de que el Espíritu habita en la persona.

Por lo tanto, según la enseñanza bíblica, el don de lenguas es la capacidad sobrenatural dada a algunos creyentes para comunicar el mensaje de Dios en idiomas reales, como señal para los incrédulos y para la edificación del cuerpo cuando hay interpretación.

Shalom



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