Bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: La Gran Comisión en Mateo 28:19


Muchos creyentes han sido instruidos en la doctrina de la Trinidad divina, basándose a menudo en Mateo 28:19 de la versión Reina Valera 1960, que dice:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo

Este pasaje es uno de los mandatos clave dados por Yeshúa a sus discípulos (talmidim) antes de su ascensión. En esencia, Yeshúa les comunicó que Su misión no terminaba con Su resurrección, sino que marcaba el inicio de un período final (el Tiempo del Fin) que se extendería hasta su regreso.

Para comprender a fondo este mandamiento, es crucial examinar el significado de la palabra griega "baptízo", normalmente traducida como "bautizar". Esta palabra deriva del hebreo "tevilá", que se refiere a la inmersión para purificación, como se describe en Levítico 14:8-9 o en 1 Pedro 3:20-21. 

Después del exilio babilónico, los judíos comenzaron a practicar la tevilá en piscinas (mikvé) como un componente esencial para aquellos que deseaban convertirse al judaísmo. Posteriormente, el catolicismo y, más tarde, las iglesias protestantes, adoptaron ritos de inmersión similares con el mismo objetivo, la "conversión" al cristianismo.

El significado de "En el nombre"

Cuando el verso menciona "en el nombre", es fundamental notar que la palabra "nombre" está en singular, no en plural ("en los nombres"). Esto sugiere que el bautismo es en un solo nombre que posee atributos específicos. La palabra griega para nombre es "ónoma", que implica no solo un nombre propio, sino también "autoridad", "carácter" y "fama". Esta concepción proviene del hebreo "shem", que también denota honor, autoridad, carácter, reputación y grandeza.

El nombre de una persona representa los atributos de quien lo porta. Un claro ejemplo es el apóstol Pablo (Saulo de Tarso), cuya reputación ilustra esta premisa. Antes de su conversión —la cual no fue producto de un bautismo ritual—, su nombre evocaba la imagen de un fariseo celoso y perseguidor. Tras su transformación, su "nombre" pasó a simbolizar a un enviado (apóstol) del Mesías, un incansable fundador de congregaciones para Yeshúa y un maestro inspirador.

De manera similar, cuando hablamos del "Shem" (Nombre) de Dios, nos referimos a la confianza que debemos depositar en su autoridad, como se menciona en Salmo 20:7. Su autoridad y carácter son supremos (Jeremías 10). Su "Shem" o nombre nos dice que no hay nadie como Él y que aquellos que respetan su fama verán su regreso (Malaquías 4:2).

La Práctica Apostólica Post-Ascensión

Después de la ascensión de Yeshúa, los apóstoles llevaron a cabo la inmersión o bautismo, pero no lo hicieron en el nombre de tres divinidades

Cuando el Ruaj HaQodesh (Espíritu Santo) fue derramado en Shavuot (Pentecostés), aquellos que se convirtieron fueron bautizados en el nombre, es decir, la autoridad de Yeshúa HaMashiaj (Hechos 2:38). Numerosos samaritanos que se convirtieron no fueron bautizados en una trinidad, sino en la autoridad de Yehoshúa HaMashiaj (Hechos 8:16). Incluso aquellos que ya habían sido bautizados en el arrepentimiento tuvieron que ser bautizados en la autoridad o grandeza de Yehoshúa HaMashiaj (Hechos 19:5).

Cuando Yeshúa ordena a sus talmidim bautizar, la instrucción debe entenderse dentro del marco completo de su misión. El texto puede expresarse así en sentido explicativo:

“Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, introduciéndolos en la autoridad del Origen, del Heredero de ese Origen y del Ruaj HaQodesh, la mente y presencia activa de ese Origen”.

El mandato de Yeshúa no describe únicamente el acto de purificación mediante el agua; presenta el panorama completo del plan de salvación.

  • El Padre representa el Origen: la fuente de toda salvación.
  • El Hijo representa la manifestación visible de esa salvación en la historia.
  • El Espíritu Santo representa la presencia activa de esa salvación en la vida y mente de los creyentes.

Así, la fórmula no es simplemente un rito; es pedagogía: resume el modo en que Dios salva y guía.

Por ello, los discípulos entendieron que bautizar era introducir a las personas en una única autoridad salvadora, un nombre, no nombresEsta comprensión aparece claramente en la predicación apostólica del libro de los Hechos, donde el bautismo se realiza en el nombre de Yeshúa, proclamando que no existe otra autoridad bajo el cielo dada a la humanidad para salvación.

No se presentan tres autoridades separadas, sino una misma autoridad divina manifestada y operando en tres dimensiones del plan redentor.

El versículo siguiente (Mt.28:20), muestra el sentido completo del mandato: no se trata solo de bautizar, sino de hacer discípulos mediante la enseñanza.

Yeshúa continúa diciendo que deben enseñarles a guardar todo lo que Él ordenó. Esto revela que el bautismo marca la entrada al proceso de formación del discípulo: escuchar, aprender y obedecer.

La misión incluye: 

  • Hacer discípulos
  • Introducirlos en la autoridad del Nombre
  • Enseñarles a obedecer las instrucciones de Yeshúa

El bautismo, por tanto, es el inicio de una vida de aprendizaje y obediencia, no un simple rito o un fin en sí mismo.

El cierre del pasaje conecta directamente con la promesa de la presencia continua de Yeshúa:

“Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

Esta afirmación asegura que el Señor no abandona a sus discípulos. Su presencia continúa acompañando, guiando y enseñando a la comunidad hasta su regreso.

Los talmidim entendieron que sumergir (bautizar) era la preparación para el que entra en el Plan de Salvación (Redención), debían sumergir a los creyentes en la autoridad de Yeshúa, no en tres personas divinas.

Al decir en Mateo: "en el nombre", se refiere a un solo nombre o autoridad que está por encima de toda autoridad para salvar: Yehoshúa HaMashiaj

Cuando dice "del Padre", se refiere a la autoridad como Origen de todo que es Yeshúa mismo (Colo.1.16-17, Jn.1.1). Cuando dice; "el hijo", se refiere a esa misma autoridad, que vino corporalmente como heredero del Origen a pagar el precio por nosotros y cuando dice "el Espíritu Santo", se refiere a la misma autoridad de Su Mente que guía a los creyentes a entender las revelaciones de Su Palabra. 

Por eso a continuación en el "verso 20", les confirma que no está hablando de un bautismo físico ni de tres divinas personas, sino de una educación, porque les dice: enséñenlos a shema y shomer (escuchar para hacer y guardar) lo que les he ordenado (educado). Y he aquí yo estoy con ustedes todos los días (como Ruaj HaQodesh) hasta el fin del mundo (hasta mi regreso). 

Esto se alinea con la enseñanza de que no hay otra autoridad bajo el cielo dada a la humanidad para que seamos salvos (Hechos 4:12).


Conclusión

La fórmula “Padre, Hijo y Espíritu Santo” en Mateo 28:19 funciona como un resumen del plan de salvación y de la misión de los que son talmidim (congregación de Mashiaj):

  • La salvación procede del Origen (El Cielo, la Eternidad) 
  • Se manifiesta en el Hijo (Heredero de esa Eternidad)
  • Se aplica y guía por medio del Espíritu (Su Mente, Sus promesas de regreso al Origen)

Bautizar en el “nombre” significa introducir a las personas en la única autoridad salvadora, y enseñarles a vivir conforme a las instrucciones de Yeshúa, bajo su presencia continua hasta Su regreso.

Esto no anula la práctica del bautismo físico en agua, el cual es un bautismo de arrepentimiento. Yeshúa mismo fue bautizado, no por necesidad de arrepentirse, sino para “cumplir toda justicia”, es decir, para cumplir lo que Él mismo había establecido y que fuera un ejemplo: que antes de iniciar nuestro caminar con Él, debemos sumergirnos en un arrepentimiento sincero.

Sin embargo, cuando Yeshúa envía a sus discípulos a hacer más discípulos, el énfasis principal no es buscar agua para realizar una inmersión física, sino formar discípulos mediante la enseñanza

La misión central consiste en guiar a los creyentes a escudriñar la Palabra y vivir conforme al honor, la autoridad, el carácter, la reputación y la grandeza de nuestro Señor Yehoshúa HaMashiaj.

Shalom

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