M uchos creyentes aún no comprenden por qué Dios permitió los sacrificios; algunos incluso piensan que comenzó cuando Dios sacrificó un animal para vestir a Adán y Eva. Este escrito explora el concepto bíblico del korbán o sacrificio, desde los primeros intentos de Caín y Abel hasta el sistema levítico, mostrando su origen y propósito: no la sangre ni el ritual, sino enseñar a la humanidad a acercarse a Dios con fidelidad, obediencia y una vida íntegra.
1. ¿Qué es realmente un “sacrificio”?
Para comprender correctamente el tema de los sacrificios, es necesario aclarar primero el significado de los términos bíblicos que con frecuencia se traducen de manera genérica como “sacrificio”, aunque en el texto hebreo poseen matices distintos.
La palabra hebrea más común es זָבַח (zabaj), que significa literalmente degollar o matar ritualmente a un ser viviente. El término describe el acto de quitar la vida, no lo que se hace posteriormente con el cuerpo del animal. Es decir, zabajdefine el degüello en sí mismo, no el destino de la carne.
Sin embargo, no toda ofrenda implicaba la muerte de un animal. Existe también la מִנְחָה (minjá), una ofrenda vegetal que no conlleva derramamiento de sangre y que consistía generalmente en alimentos derivados de la tierra, como grano, harina o pan.
Además, encontramos la תְּרוּמָה (trumá), que no es un sacrificio ritual, sino una contribución o donación material —agrícola o económica— apartada para el sostenimiento del Santuario y del servicio sacerdotal.
De esta manera, podemos distinguir:
- Sacrificios por degüello (zabaj), de origen animal
- Ofrendas vegetales (minjá), sin sangre.
- Donaciones consagradas (trumá), que no constituyen sacrificio, sino una separación de bienes para el culto y sus ministros.
Korbán: el propósito del sacrificio
El término קָרְבָּן (korbán) funciona como la categoría general bajo la cual se incluyen tanto los sacrificios animales (zabaj) como las ofrendas vegetales (minjá), pero no la trumá. La palabra korbán proviene de la raíz hebrea karav, que significa acercarse.
Esto indica que el propósito esencial del sacrificio no es la destrucción del objeto ofrecido, sino el acercamiento del oferente a Dios.
Un korbán es, por tanto, todo aquello que se acerca al altar para ser presentado ante Hashem. Bajo esta categoría se incluyen:
- Sacrificios animales, como el ‘Olah, el Jata’at, el Shelamim, entre otros.
- Ofrendas vegetales, como la Minjá.
Mientras que el sacrificio animal —especialmente el ‘Olah— enseñaba la entrega total de la vida, la ofrenda vegetal (minjá) instruía sobre la entrega del esfuerzo, el trabajo y el fruto de la tierra. Ambas funcionaban como herramientas pedagógicas destinadas a enseñar al israelita que toda su existencia —su vida y su labor— debía orientarse al acercamiento a Dios.
En este sentido, el verdadero korbán no era solo lo que se colocaba sobre el altar, sino la vida misma del oferente, presentada con la intención de vivir en cercanía y fidelidad a Hashem.
Tipos de sacrificios que implican zabaj (muerte de un ser vivo)
Dentro de los sacrificios que incluyen degüello (zabaj), la Torá distingue varias categorías:
a) El holocausto – ‘Olah (עֹלָה)
Su característica distintiva es que se quema completamente en el altar.
Había dos tipos:
‘Olat Tamid: holocausto continuo, obligatorio y diario, ofrecido por la nación para mantener la presencia de Hashem en medio del pueblo. Consistía en dos corderos diarios, uno por la mañana y otro por la tarde (Éx 29:38–42; Nm 28:1–8).
‘Olah personal: ofrenda voluntaria de un individuo como expresión de entrega total, devoción o búsqueda de reconciliación general (Lev 1:1–9).
b) Jata’at (חַטָּאת) – Ofrenda por el pecado
La palabra jata’at significa “errar el blanco”, es decir, desviarse de la Torá de manera no intencional. En este sacrificio:
- la grasa se quema en el altar,
- la carne es comida por los sacerdotes (Lev 6:26), o se quema fuera del campamento en casos específicos (Lev 4:12).
c) ‘Asham (אָשָׁם) – Ofrenda por culpa
Es un sacrificio obligatorio de reparación por pecados que implican daño o deuda, ya sea contra el prójimo o contra lo consagrado a Hashem. Además del sacrificio del carnero, exige restitución más una penalidad del 20% (Lev 5:14–19; 6:1–7).
d) Zévaj Shelamim – Sacrificio de paz
No se ofrecía para buscar perdón, sino como celebración de una relación restaurada con Dios. Parte se ofrecía a Hashem y parte se compartía entre sacerdotes y oferente (Lev 7:11–16).
e) Milu’im – Consagración sacerdotal
No es un sacrificio único, sino un protocolo que incluye varios korbanot para consagrar a los sacerdotes y al Sumo Sacerdote (Éx 29:22–35; Lev 8:22–33).
2. Caín y Abel: el primer intento humano de acercamiento (Korbán)
El concepto de reconciliación surge tras la ruptura provocada por el pecado en Génesis 3. La humanidad pierde el acceso al Gan Edén y la comunión directa con Dios. Aun así, es Hashem quien inicia el acercamiento por gracia, cubriendo de piel al ser humano (Gn 3:21). El texto no afirma que Dios sacrifica un animal; simplemente dice que los cubrió con piel.
En Génesis 4 vemos que Caín y Abel se acercan a Dios por iniciativa propia. Dios no les ordenó ofrecer nada. Este impulso probablemente fue transmitido por sus padres como el deseo de volver a ser semejantes a Dios y recuperar la comunión perdida.
- Caín, agricultor, ofrece una minjá.
- Abel, pastor, ofrece un zabaj.
En ese momento temprano de la historia humana, Caín y Abel no estaban imitando un ritual divinamente instituido, pues aún no existían instrucciones formales sobre sacrificios. La ofrenda que presentaron fue un acto de devoción espontánea, una expresión de su propia vida y trabajo: el pastor ofreció lo que representaba su labor, y el agricultor, el fruto de la suya.
Ambos buscaban que Hashem aceptara no solo el korbán, sino a la persona que lo presentaba, expresando así su anhelo de cercanía y fidelidad al Creador.
Dios no les pidió ofrenda, pero cuando se la ofrecieron miró primero a la persona y luego a su ofrenda (Gn 4:4). Cuando vió que algo no estaba bien con Caín, no lo rechazó sin más, sino que lo corrige y exhorta (Gn 4:6–7). Esto revela a un Dios que busca una relación, no un ritual.
En síntesis: ni Dios inició los sacrificios matando animales para vestir a los humanos, ni ordenó a Caín y Abel que iniciaran un sistema ritual. Ellos se acercaron a Dios con el primer korbán de la historia humana, era un gesto voluntario para decirle a Dios “Quiero que Dios me mire, porque quiero volver a casa, al Gan Eden”
3. De acercamiento a idolatría: la desviación del korbán
Tras el asesinato de Abel, Caín sale de delante de Hashem (Gn 4:16). Esto no es solo un desplazamiento geográfico, sino una ruptura de la relación con Dios, un autoexilio. A diferencia de Adán, Caín no busca restauración.
La descendencia de Caín muestra una degeneración progresiva, reflejada en la poligamia, la autosuficiencia, la glorificación de la violencia y el orgullo humano, donde el hombre se coloca como centro de todo (Génesis 4:16–24).
Este alejamiento culmina con una descendencia de Caín sin relación con Dios, en la que sustituyen al Creador por poderes creados, a los que intentaban controlar mediante sangre y alimentos. Lo que comenzó Caín terminó en idolatría sistemática: el reemplazo de la relación ética con Dios por sistemas y dioses que justifican su rebelión (Rom 1:18–23).
En contraste, la descendencia de Adán a través de Set invoca el Nombre de Hashem (Gn 4:26). La Biblia presenta así dos caminos del korbán: uno que se aleja de Dios, cayendo en la idolatría, y otro que busca acercarse a Él para regresar al Gan Edén. Con el tiempo, ambos caminos —el de Caín, alejado de Dios, y el de Adán, buscando regresar a Él— se cruzan, dando lugar a una humanidad mezclada, torcida y maligna (Gn 6:5; Deut. 32:5; Fil. 2:15).
A partir de entonces, Dios juzgaría la vida de cada persona, y no solo la ofrenda que le ofreciera en un korbán.
4. El sistema sacrificial como herramienta pedagógica
Cuando Dios sacó a Israel de Egipto, ya formaban parte de una humanidad corrupta como todos los demás. Aun así, fue Él quien se acercó a ellos, sin exigir sacrificios como medio para acercarse a Él, como lo confirma Jeremías:
“No les hablé… acerca de holocaustos y sacrificios… sino que les mandé: Oíd mi voz” (Jer 7:22–23).
Jeremías no niega Levítico, sino que establece prioridad y propósito. Primero relación, luego pedagogía.
Durante aproximadamente cuatrocientos años en Egipto, Israel se acomodó a la mentalidad pagana egipcia de apaciguar divinidades mediante ofrendas. La religión egipcia operaba bajo el principio del “te doy para que me des”. El sacrificio era un soborno ritual a dioses.
Por eso, cuando el pueblo en el desierto hizo el becerro de oro, no buscaba una relación ética basada en la obediencia, sino dioses visibles que pudiera controlar mediante sacrificios (Éxodo 32:4–5). Esta misma rebeldía fue denunciada por Josué al exhortarlos a abandonar los dioses de Egipto al entrar en la Tierra Prometida (Jos. 24:14), y confirmada siglos después por Ezequiel, quien afirmó que el destierro en Babilonia tuvo su origen en esa rebeldía nacida en el Nilo (Ez. 20:7–8).
Cuando Dios instituyó el sacerdocio levítico, no fue para crear un sistema de sacrificios, sino para ofrecer al pueblo una relación con Él basada en la obediencia, en escuchar y guardar (shema y shomer) Su Palabra, pues sólo conocían a los dioses a través de sacrificios. Era necesario reeducarlos.
Dios les concedió usar el lenguaje de los sacrificios que ellos ya entendían —como el 'olah— por un tiempo, para desde ahí, elevar su conciencia hacia conceptos nuevos como la santidad, el pecado y la entrega total, sustituyendo gradualmente el soborno por la lealtad y la traición o rebelión (pesha) por la fidelidad.
5. La Diferencia entre el Pecado por Error y la Rebeldía Voluntaria
En general habían dos tipos de transgresiones que afectan la relación con Dios:
Pecados por debilidad (Jata’at): La palabra jata’at significa literalmente “errar el blanco”. Para este tipo de faltas involuntarias, Dios permitió el sacrificio como medio de purificación. El ritual funcionaba como un filtro de limpieza que restauraba la comunión quebrantada (Levítico 4:2, 20).
Rebelión (Pesha): A diferencia del jata’at, no se trata de un error involuntario, sino de una rebelión consciente contra Dios. Este pecado no podía ser cubierto por sacrificio alguno, sino que conllevaba consecuencias directas (Números 15:30–31).
6. ¿Por qué hoy no se realizan sacrificios?
Hoy no se realizan sacrificios porque Dios había establecido un tiempo pedagógico, durante el cual los escogidos debían comprender que Hashem no es un Dios sediento de sangre ni deseoso de alimento.
Debían dejar de sacrificar animales y transformar su mente mediante el conocimiento de Él; cuanto más profundizaban en ese conocimiento, más se alejaban de ofrecer sangre y alimentos, ofreciendo en cambio fidelidad a través de una vida digna de ser llamada “hija o hijo de Dios”, amando a Dios con todo su ser y al prójimo como a sí mismos.
Cuando se cumplió ese tiempo, Dios mismo, en semejanza de hombre, vino y puso fin a los sacrificios con su propio sacrificio y la destrucción del templo. No hay sacrificios porque Dios mismo los abolió.
Conclusión
El korbán, desde Caín y Abel hasta el sistema levítico, nunca fue un fin en sí mismo, sino un medio pedagógico para enseñar que la verdadera cercanía a Dios no depende de sangre ni de alimentos, sino de la vida misma del oferente: su fidelidad, obediencia y amor a Dios y al prójimo.
Los sacrificios animales y vegetales formaron parte de un proceso temporal para transformar la mente y el corazón de la humanidad, diferenciando el error involuntario de la rebelión consciente. Hoy no se realizan sacrificios porque Dios, al cumplirse su tiempo pedagógico, los abolió mediante su propia obra, estableciendo que la verdadera ofrenda es una vida entregada en santidad y relación con Él.
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