El Perdón de Dios y el Perdón de los Hombres




Introducción

Todos, tarde o temprano, somos heridos. Todos conocemos el peso del rencor, la memoria del dolor y la dificultad de soltar la ofensa.

Perdonar no es natural para el corazón humano. Nuestra inclinación es recordar, protegernos y, muchas veces, devolver el daño. Sin embargo, la enseñanza central de la Biblia nos confronta con una verdad incómoda: no podemos caminar con Dios mientras nos negamos a perdonar.

El perdón no es una emoción; es una decisión espiritual. No es una opción para el creyente; es un mandamiento. Y aún más: la Escritura muestra que la falta de perdón no solo afecta nuestras relaciones humanas, sino también nuestra relación con Dios.

Por eso necesitamos comprender qué es realmente el perdón.

El significado del perdón

La palabra perdón implica remisión, es decir, ser liberado de una deuda (Dt 15:1-2). El objetivo del perdón es siempre el mismo: restaurar una relación rota.

El perdón presupone dos partes:

  • quien causa la falta
  • quien resulta afectado

La falta rompe la relación; el perdón es el único camino para restaurarla. Por ello, la parte que ofendió pide perdón y la parte ofendida lo concede.

La Escritura presenta dos dimensiones del perdón

  1. El perdón de Dios hacia la humanidad
  2. El perdón entre los seres humanos

Comencemos por el primero.

El perdón de Dios

Para que exista el perdón divino debe existir el pecado, es decir, la transgresión de la instrucción de Dios (1 Jn 3:4). Sin ese perdón, la consecuencia es la muerte (Ro 6:23).

En Éxodo 32 vemos a Moisés intercediendo por Israel tras el pecado del becerro de oro. El pasaje revela algo esencial: el perdón pertenece a la voluntad soberana de Dios. Él decide perdonar y restaurar la relación con su pueblo.

El Salmo 103 describe este perdón con una belleza incomparable:

Dios es compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia. No nos trata conforme a nuestros pecados, ni nos paga según nuestras iniquidades. Tan lejos como está el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras rebeliones.

Aquí vemos la esencia del perdón divino:

  • Dios es paciente
  • Dios es bondadoso
  • Dios no guarda rencor
  • Dios aleja el pecado para no traerlo nuevamente a memoria

El perdón nace del amor. Desde la caída del ser humano, Dios manifestó su intención de restaurar. Aunque el pecado trajo consecuencias —miedo, vergüenza, corrupción y muerte— el perdón de Dios sostuvo la promesa de regresar al diseño original.

El perdón no elimina todas las consecuencias del pecado, pero sí restaura la relación y mantiene viva la promesa de redención.

El perdón entre los hombres

Así como Dios perdona, también ordena perdonar.

Yehoshúa HaMashiaj enseña que el perdón debe ser “setenta veces siete”. Esta expresión no es matemática; es una forma hebrea de decir: perdón sin límites.

Perdonar significa colocar la ofensa tan lejos como el oriente del occidente, sin traerla constantemente a la memoria para alimentar el rencor.

Yeshúa advierte con claridad:

  • Si perdonamos, somos perdonados.
  • Si no perdonamos, cerramos nuestro corazón al perdón de Dios.

Por eso, antes de reconciliarnos con Dios debemos reconciliarnos con nuestro hermano. El perdón horizontal está inseparablemente unido al perdón vertical.

Negarse a perdonar nos acerca al espíritu de la venganza. Perdonar nos hace semejantes a Dios.

El perdón y la vida de oración

La Escritura va aún más lejos al mostrar que la falta de perdón afecta directamente nuestra comunión con Dios.

Proverbios 28:9 declara que quien aparta su oído de la instrucción divina hace que incluso su oración sea abominable. Dios no separa la vida espiritual de la obediencia práctica.

Si Dios ordena perdonar y una persona decide aferrarse al rencor, está rechazando conscientemente su voluntad. En ese estado, la oración deja de ser comunión y se convierte en palabras de un desobediente que no será escuchado.

Por eso Yeshúa enseñó que al presentarnos a orar debemos perdonar primero. La falta de perdón no solo rompe la relación con el prójimo; también levanta una barrera en nuestra relación con Dios.

Un corazón que no quiere perdonar es un corazón que aún no quiere obedecer.
Y un corazón que no quiere obedecer no puede disfrutar plenamente la comunión con el Eterno.

El perdón incluye perdonarse a uno mismo

El perdón pleno también implica reconocer nuestra propia imperfección. Perdonarse a uno mismo es tener la madurez espiritual para reconocer que necesitamos ser obedientes a Dios.

Cuando aceptamos su amor (obedecemos sus mandamientos), nuestra mente es transformada. Perdemos el miedo, la vergüenza y la carga del pasado. El perdón nos libera para avanzar hacia la madurez espiritual.

El fundamento del perdón: el amor

La base del perdón es el amor.

Amar a Dios y amar al prójimo resume toda la Torah. Dios es el amor, y quien permanece en Él aprende a perdonar.

El amor:

  • no guarda rencor
  • no busca lo suyo
  • todo lo soporta
  • todo lo espera
  • nunca deja de ser

Perdonar no es olvidar por debilidad; es recordar sin rencor por amor.

Conclusión

El perdón de Dios es la manifestación de su amor y su bondad: Él cancela la deuda y restaura la relación con quienes ha llamado por gracia.

El perdón entre los hombres es un mandamiento: debemos pedir perdón y concederlo plenamente para reconciliar nuestras relaciones.

Quien no perdona se aleja de Dios. Quien perdona se asemeja a Él.

Solo comprendiendo quién es el Amor podemos comprender el perdón. Y el amor nunca deja de ser.

La Escritura nos recuerda que hay tres realidades eternas que permanecen: la fidelidad, la esperanza y el amor. La fidelidad nos permite confiar en que Dios nos ha perdonado; la esperanza nos asegura que Él restaurará todas las cosas; y el amor nos mueve a perdonar hoy.

Perdemos el miedo porque Él es fiel, soltamos el pasado porque esperamos Su regreso y perdonamos porque Él nos perdonó.

Y de estas tres, la mayor es el amor, porque el amor es el que cancela la deuda, restaura la relación y rompe las cadenas del corazón.

Shalom


Publicar un comentario

0 Comentarios