¿Por qué Yeshúa dijo que era mejor que Él se fuera?


 

Introducción

Muchos creyentes se preguntan por qué Yeshúa afirmó a sus discípulos: Les conviene que yo me vaya. Ante la lógica humana, parecería mejor que el Maestro se quedara; sin embargo, para descifrar esta inquietud, debemos examinar el contexto con el que se pronunciaron estas palabras.

Todo comenzó la noche del 14 de Abib, durante la Última Cena (Juan 13-14). Allí, Yeshúa preparó a sus discípulos para el evento más traumático de sus vidas: Su muerte. Aquella noche no fue solo una despedida, sino una instrucción estratégica para convertirlos en administradores del ministerio que recibirían una vez que Él ascendiera a Su origen (el Cielo).

Comprender la "conveniencia" de Su partida exige profundizar en el Plan de Redención: el diseño divino para rescatar al ser humano y reintegrarlo a su estado original. Como declara Jeremías 29:11, este plan emana de los pensamientos de Dios para nosotros. En el hebreo bíblico, aprendemos que la presencia, el poder, el aliento de vida y la Mente de Dios, se resumen en la palabra Ruaj, que se ha traducido comúnmente al español como "Espíritu"

Está palabra mencionada por primera vez en Génesis 1:2, como el Ruaj Elohim nos revela que el Espíritu de Dios es la Mente y el Diseño Divino en acción. Son los pensamientos de Dios ejecutando la obra, para que se cumpla plenamente lo que Él quiere.

La Eternidad del Ruaj HaKodesh: De la Creación a la Encarnación

Desde el Génesis, pasando por la primera venida de Yeshúa y hasta Su regreso, Dios ha actuado y está operando a través de Su Ruaj HaKodesh (Espíritu de la Santidad). Es fundamental comprender que este "no comenzó" en el Nuevo Testamento; ha existido eternamente porque es la Mente de Dios y la misma Mente del Mashiaj en acción.

Antes de que Dios se manifestara en semejanza de hombre, el Espíritu de la Santidad utilizó a profetas como Isaías, Daniel, Jeremías, Miqueas y Zacarías para anunciar el Plan de Redención que incluye Su primera venida y Su regreso.

En la etapa inicial del Plan, la Presencia de la Santidad (Espíritu Santo), se manifestaba de forma externa y selectiva, mediante elementos: La zarza ardiente, la columna de fuego o la nube que guiaba al pueblo y a través de individuos: Su voz y poder venían sobre personas específicas elegidas para misiones puntuales.

Así, el Ruaj HaKodesh siendo los planes, la mente de Dios ha sido siempre la guía, que usando elementos o personas lleva adelante el Plan de Redención. Plan que culmina cuando los escogidos regresen al diseño original en la Jerusalén Celestial, pero para que eso ocurra los escogidos deben ser liberados del el pecado.

De la Limitación Geográfica a la Plenitud de la Gloria

El único capaz de pagar el precio por la liberación del pecado era Dios mismo; por ello, al venir en semejanza de hombre, cumplió la fase legal del Plan. Es en este punto donde las palabras Les conviene que yo me vaya cobran un sentido profundo.

Aunque Yeshúa era la encarnación de la Buena Noticia (Besorah), su ministerio terrenal tenía una limitación voluntaria: la geografía. Si estaba en Galilea, no podía estar en Jerusalén. Su presencia era física y, por lo tanto, localizada.

En la Última Cena, Yeshúa impartió sus enseñanzas finales y preparó a sus discípulos para la transición del ministerio. Esta entrega requería su muerte, resurrección y ascenso, pero con una promesa clave: No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes (Juan 14:18).

Es vital comprender que esta promesa no se refería a un retorno en su cuerpo físico limitado. Incluso después de resucitar, aunque su nuevo cuerpo manifestaba capacidades sobrenaturales —aparecer en lugares cerrados o ser irreconocible (Lucas 24)—, la plenitud total del Plan aún requería un paso más, quitar toda limitación a la obra de Yeshúa.

Para eliminar toda limitación, Yeshúa debía regresar a Su origen celestial, que en muchas traducciones al español dice que "regresó al Padre", pero el significado de la palabra "padre" en hebreo es Av (escrito אב), trasciende la figura biológica de "padre" para abarcar los conceptos de origen, fuente, causa, principal o "lo que origina", por lo tanto, Yeshúa no está regresando a Su Padre, está regresando a Su origen.

cuando dice que está a la diestra del padre, debemos entender que la diestra no es un trono físico adicional. La diestra es un simbolismo del cielo, por lo tanto, decir que Yeshúa subió al cielo y está sentado a la diestra del padre, es un simbolismo que significa que, Yeshúa regreso a su origen y se estableció, recuperando la plenitud de sus poderes como Elohim. Así desde ese poder, autoridad y honor,  Plenitud de Su Gloria, puede derramar el Espíritu sobre Su pueblo sin limitaciones (Hechos 2:33).

Este derramamiento es el cumplimiento real de Su declaración: Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin

Al partir físicamente, Yeshúa multiplicó Su presencia: ya no estaría limitado a un lugar o a un grupo de 500 personas, sino que ahora Su presencia habita en cada creyente que Él llama por gracia, de toda lengua, pueblo y nación del mundo, instruyéndolos internamente en Su Torah y Su Besorah, para que se cumpliera que Él habitaría en medio de Su pueblo (estén donde estén), tal como fue profetizado por  Zacarías 2:10-11, Ezequiel 37:26-28, Isaías 7:14, Éxodo 25:8 y Apocalipsis 21:3 que es la culminación profética de las anteriores.

Conclusión

La partida de Yeshúa no fue una ausencia, sino una expansión de Su presencia. Le "convenía" a la humanidad que Él ascendiera porque Su partida activó la etapa final del Plan de Redención: el paso de una relación externa, limitada por un lugar a una habitación interna del cuerpo del creyente sin importar su idioma, cultura o nación a la que pertenezca terrenalmente.

Al completar los requisitos legales de sacrificio, resurrección y ascenso, Yeshúa derramó Su Ruaj HaKodesh (Espíritu de la Santidad) para que el creyente deje de buscar a Dios en altares de piedra y se convierta, él mismo, en el Santuario vivo del Altísimo.

Hoy, no somos huérfanos ni dependemos de una limitación geográfica; tenemos la Mente de Mashiaj operando en nosotros, devolviéndonos paso a paso al diseño original en el cual fuimos creados. Su ida fue conveniente, porque era la única manera de estar verdaderamente con nosotros todos los días hasta Su regreso.


Para profundizar, puedes consultar los estudios complementarios sobre el Espíritu en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento.

Shalom

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